Ni 'locos' ni incapaces

Nos hacemos eco del artículo publicado en El Mundo , donde se destaca que el empleo es la mejor terapia contra la enfermedad mental.

Basilio García iba para periodista, pero un brote de esquizofrenia le alejó de su objetivo. Desanduvo los 700 kilómetros que separan Madrid de su Ceuta natal y se encerró en su casa. Y en sí mismo. Allí pasó por todos los estadios. "Al principio te sientes raro, desorientado. Luego viene el deterioro, la crisis, el rechazo... Lo peor es levantarse cada mañana sin tener un sitio donde ir, sin tener un rol social".

Hoy pertenece a ese escaso 5% de personas con enfermedad mental que tiene un empleo estable, en concreto, como funcionario en Ceuta. "Mi caso es un triunfo. Es sólo cuestión de una oportunidad. El problema es que el 95% no la tiene".

Habla de esa barrera invisible que impide la inserción laboral de la mayoría de los afectados por patologías mentales. Una barrera compuesta casi al 50% por el estigma y los prejuicios que lleva aparejados la enfermedad mental -"la locura", como se diagnosticaba no hace tanto- y la autocensura del propio enfermo, que duda de su capacidad para afrontarlo. De ahí a la exclusión social no hay más que un paso.

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Invertir en políticas de empleo o en pensiones

Algo contraproducente desde el punto de vista de Anna Cohí, presidenta de Feafes Empleo. "En épocas de 'vacas flacas' los niveles de inserción no pueden ser menores si queremos garantizar la igualdad de oportunidades", afirma. Máxime cuando diferentes estudios demuestran que las personas con enfermedad mental que cuentan con un trabajo estable sufren menos recaídas (hasta un 54% menos), acortan sus estancias en hospitales y, en consecuencia, se reduce el gasto. "¿Qué es más rentable, invertir en políticas en políticas de empleo y prevención, o en pensiones de incapacidad?", pregunta, retóricamente, Anna Cohí. "El trabajo dignifica, mejora la autoestima y el curso de la enfermedad es mejor", concluye.

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